sábado, 14 de abril de 2018

Calidad y Recursos Humanos (I)

Los departamentos de recursos humanos y función pública de las Administraciones Públicas no suelen ser escenarios de procesos de implantación de sistemas de calidad y de modernización interna. Ahora parece que la tendencia es hablar de digitalización, pero no debe olvidarse que la digitalización sin acometer un proceso de análisis y mejora previo puede no arrojar los mejores resultados posibles. Porqué no, entonces implantar un sistema de calidad o adoptar un modelo de excelencia que permita al departamento dar un salto cuantitativo y cualitativo en materia de gestión.

Esta decisión, la de implantación de un modelo de excelencia en la gestión, es de una enorme trascendencia porque implicará personas (políticos y empleados públicos), recursos y tiempo, pero sin duda merece la pena por el positivo impacto que tendrá en el departamento y en el conjunto de la Administración: política, estrategia, personas, procesos y alianzas, pero también resultados.

El proceso de implantar un modelo de excelencia como CAF o EFQM en un departamento de Recursos Humanos de una Administración Pública comienza con un diagnóstico, para el que puede utilizarse los que indican las respectivas metodologías de los citados modelos, utilizar el clásico DAFO, o también el modelo EVAM. El uso de estos dos últimos supone una ventaja para aquellas Administraciones que todavía no tienen experiencia (ni siquiera en otras áreas) para evitar una trampa de tiempo y recursos.

En mi experiencia, también resulta muy interesante adaptar los cuestionarios de autodiagnóstico que incluyen los propios modelos incorporando evidencias y propuestas del ámbito de los recursos humanos que faciliten su cumplimentación.

Este diagnóstico debe ser compartido y participado, por lo que será recomendable acompañar todo el proceso de formación en calidad o quizás enmarcar todo el proceso en una dinámica de Comunidad de Práctica.

En nuestro caso hemos empezado con un DAFO... Os iré contando como nos va.




miércoles, 21 de marzo de 2018

La política y los políticos de Recursos Humanos.

Al hilo de un debate que ha surgido en Novagob https://novagob.org/grupos/talento-conocimiento-e-innovacion-en-la-gestion-de-recursos-humanos-en-el-sector-publico/, hago la siguiente reflexión:
¿Qué diferencia hay entre la política de recursos humanos y los políticos de recursos humanos?

Creo que nadie duda de que las personas dedicadas a la función política en las administraciones locales en la actualidad disponen de pocos instrumentos para la ejecución real de políticas públicas, y además muchos de los impactos de las políticas que se desean implementar saben que tendrán lugar en un tiempo mucho más largo que el propio mandato.

Eso hace que su energía e impulso se centren en situaciones o aspectos mucho más cercanos en el tiempo como los procesos o tareas de la gestión diaria de recursos humanos, y se olvidan de que su papel es definir las políticas de recursos humanos o políticas de personal.

Esas políticas públicas deberían destinarse para dar los mejores servicios y también adaptar la administración a los retos futuros. La planificación, la selección, el aprovechamiento del talento, etc...

Y luego viene el tema presupuestario, que es la forma de hacer política también y con los límites de tasa de reposición, no crecimiento de la masa salarial de carácter general sin tener en cuenta si la administración lo ha hecho bien y puede desarrollar una política más expansiva porque sus ingresos o situación se lo permite es bastante frustrante para la política y el político de RRHH que se ve gestionando una miseria de plazas y puestos dentro del propio gobierno que no entiende porque no puede tener lo que necesita.

En resumen, por diversas razones la política en mayúsculas está bastante ausente de la verdadera gestión de recursos humanos, se echa de menos la apuesta política (a través de legislación pero también de debate público) por un modelo u otro. Que los académicos, investigadores y expertos propongan modelos, hagan proyecciones es imprescindible pero luego la política tiene que comprar alguno de ellos y gobernarlo.